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jueves, 22 de octubre de 2020

Artículos de opinión curso 20/21

NOVIEMBRE 2020

Son noticias antiguas. Algunas hablan de casos que aún están siendo juzgados. Hay muchas más (desgraciadamente). Todas están relacionadas con la corrupción política de la que hablábamos a raíz de El árbol de la ciencia. Leedlas y así podréis argumentar.

-PSOE             -PP              -PODEMOS            -VOX          -CIUDADANOS

Y ahora, artículos de opinión sobre el tema. Enriqueced vuestro vocabulario con expresiones extraídas de ellos.

-Corrupción, ¿héroes o leyes?

-Corrupción, ¿después de ti no hay nada?



OCTUBRE 2020

-Gestión del coronavirus  -https://www.vozpopuli.com

-El exceso de información genera desinformación enlace

-Nivel de ortografía de los estudiantes editorial de El País

-Racismo "George Floyd"  y ¿Hay casos George Floyd en España?




viernes, 14 de febrero de 2020

David Gistau. Qué pena.

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No es casualidad cuando en la muerte de alguien hay unanimidad en la admiración que muchos sentían/sentíamos por él. Fue un grande.
Sirva esta entrada para atesorar tan grandes artículos en su memoria.

Artículo sobre su visión de la paternidad: Del Martini al meconio.

Audio homenaje Luis Herrero en Es Radio aquí.

Audio homenaje Rubén Amón en Onda Cero aquí.



  • Artículos homenaje tras su muerte prematura:


-Cuando os pregunten quién fue David Gistau - Manuel Jabois (El País)

-Yo quería ser David Gistau - Rubén Amón (El Confidencial)

-Lo estaba haciendo bien - Arturo Pérez Reverte (El Mundo)

-Gracias, David - Hughes (ABC)

-Ser y estar - Cristina Pardo (El Periódico)



  • Los siguientes son de lectura optativa (para los "jartibles" como yo):


-Nunca bajarás del ring - Jorge Bustos (El Mundo)

-Bandadas de murciélagos de artículos - Mario de las Heras (La Galerna)

-El gobierno del verbo - Carlos Herrera (ABC)

-Artillero de tinta - Agustín Pery (ABC)

-Su Madrí - Álvaro Arbeloa ex-jugador del Real Madrid (El Mundo)

-Llanto por Gistau - Juan Diego Madueño (El Español)

-Manual para ser Gistau - Fernando Iwasaki (ABC)

-El tipo que le tenía miedo a Gistau - Juan Soto Ivars (El Confidencial)

-Gistau y el turismo - Miguel Ángel Uriondo (globalia.com)

-Va por Gistau - Javier Yanes (blogs.20minutos.es)

-Yo no me voy a morir - Aurora Nacarino (The Objective)












domingo, 7 de abril de 2019

Comentario 2 (3ª eval)

TEXTO 2 (enlace)


1º Bach:
-Tema
-Resumen
-Realice un discurso argumentativo de entre 150-200 palabras respondiendo a la siguiente pregunta: ¿Considera que las personas somos realmente conscientes de la contaminación que sufre el mar?


2º Bach

Pregunta 1: Identifique las ideas del texto y exponga esquemáticamente su organización.
Pregunta 2: Indique y explique la intención comunicativa del autor y comente dos mecanismos de cohesión distintos que refuercen la coherencia textual.
Pregunta 3: ¿Considera que las personas somos realmente conscientes de la contaminación que sufre el mar? Elabore un discurso argumentativo de entre 150-200 palabras respondiendo a esa cuestión.

viernes, 15 de marzo de 2019

Mis alumnos tampoco

"Mis alumnos no leen los periódicos. Ni en formato digital ni en papel. Las noticias llegan a ellos sin que sepan a ciencia cierta cómo y solo cuando tienen carga emocional. Tampoco son tan distintos a gran parte de la sociedad donde triunfa el género de la emo-noticia: violencia, amenazas, sexo, rarezas y escándalos.
No tienen una visión del mundo organizada, ni siquiera de su propia realidad. El mundo es un puzzle que no tienen interés en resolver. Se han alterado los pronombres personales y los tiempos verbales. De las seis personas sólo queda el yo y el nosotros. El selfie es una gran metáfora de la vida actual. Ya no interesa lo que ocurre alrededor sino lo que nos ocurre a nosotros: a mí y a mis amigos, a mí y a mi grupo. Las segundas y terceras personas han desaparecido por ajenas, problemáticas, difíciles. Más allá del yo y del nosotros está el abismo. En cuanto a los tiempos, el único que se conjuga es un presente perpetuo, un hoy renovado, eterno, que carece de historia. El pasado se desvanece sin rastro; en cuanto al futuro, una niebla intensa lo cubre. La historia y el tiempo han muerto.
Por eso, cada semana, estrenan canción, miedos o fobias. La vida simula una uniformidad engañosa: seis horas sentados en el aula, escuchando lecciones que apenas conectan con sus vidas. Después otras seis horas ante pantallas de distintos tamaños, absorbiendo, mirando, tecleando monosílabos y risas digitales. Creen que tienen el mundo en sus manos, y el mundo los tiene a ellos. Consiguen convencerlos de que la opción me gusta o no me gusta los hace protagonistas y que las emociones instintivas, son la única forma cool de sentirte vivo.
Resultado de imagen de SÍSIFOEl sistema educativo se vuelve odioso porque pretende sacarlos de la maraña de emociones trucadas, eludir el “me gusta” o “no me gusta” y añadir molestas preguntas como “¿por qué?” O, peor todavía “¿cómo podemos cambiarlo?”. Un esfuerzo inútil porque, como Sísifo, cuando conseguimos subir unos metros la piedra a la montaña, el sensacionalismo informativo nos devuelve al punto de partida.
Una gran parte de mis alumnos piensan que estamos siendo invadidos por una horda de negros violentos que viene a ocupar nuestro país. No se lo discutas porque lo han visto en la televisión, con música amenazadora de fondo. La cosificación del ser humano, la xenofobia más burda entendida como miedo al extranjero, el racismo más evidente, borra como un vendaval los valores que pretendemos enseñar. No hay rastro de historia, de razones, ni de argumentos en la forma de presentar estas noticias. Solo el miedo a los otros, cultivado con primor para engordar un negocio infame. Pero, aunque tengamos lágrimas en los ojos, no nos rendimos. Mañana intentaremos explicarlo en clase, a pesar de vosotros."

                                                                       Concha Caballer El País 22/03/2014

El mito de Sísifo. 

viernes, 15 de febrero de 2019

¿Estamos infoxicados?

¿Y SI ESTÁS 'INFOXICADO'?

Programas de radio, publicidad multiformato, televisión, diarios digitales o aplicaciones que nos conectan con todo lo conectable. El flujo de información que recibimos a diario nos bombardea con todo tipo de estímulos. Ha ido creciendo con el paso de los años y el desarrollo de diferentes tecnologías. Internet trajo consigo un aumento significativo de la cantidad de información que manejamos y, años después, los dispositivos móviles doblaron la apuesta. Ya no basta con consumir mensajes compulsivamente, ahora lo hacemos de manera simultánea a través de dos o más canales. Esa información que lo impregna todo, de un modo u otro, acaba por provocar efectos en nuestra conducta: ansiedad, estrés o falta de concentración. Es lo que se conoce como infoxicación, una intoxicación por exceso. Hoy comienza en Sevilla el primer congreso internacional que estudia el concepto, dirigido por el catedrático de la Universidad de Sevilla Ramón Reig.

El término es reciente. Lo acuñó un empresario catalán, Alfons Cornellá, fundador de la empresa de innovación Infonomia y uno de los ponentes del Congreso. Aunque antes hubo autores que usaron conceptos en la misma línea, el desarrollo de las tecnologías ha hecho que el fenómeno crezca con fuerza. Y lo ha hecho, además, en ambas direcciones. Recibimos y emitimos más. “El ancho de banda, en términos genéricos de cantidad de información que recibes por unidad de tiempo, no para –y no parará– de crecer”, explica Cornellá en la web de Infonimia, “los estímulos que recibiremos en forma de e-mail, audio, vídeo, teléfono, mensajería instantánea, feeds, etc., crecen descontroladamente. Cada vez es más barato enviar un bit a donde sea”.

Cornellá defiende que la atención que prestamos es inversamente proporcional a ese ancho de banda. La infoxicación nos hace dispersos. Leer un libro y estar al mismo tiempo pendiente de las notificaciones de un smartphone. Ver un programa de televisión y lanzar mensajes en 140 caracteres. Somos incapaces de copar todos los frentes y mantenernos concentrados. Recibimos muchos estímulos, muy distintos entre sí, pero nuestro tiempo es finito, lo que genera estados de estrés y ansiedad, algunos de los efectos colaterales que se atribuyen a la infoxicación. El psicólogo inglés David Lewis le puso nombre en 1996 en un artículo titulado Dying for information? (¿Muriendo por la información?): El síndrome de fatiga informativa.  ”Instintivamente queremos saber muchas cosas. Si nos ponen a nuestro alcance unos medios de comunicación que lo permiten, entramos en un estado de ansiedad”, explica Reig.

Tener barra libre informativa a nuestro alcance no es necesariamente sinónimo de conocimiento. “El conocimiento llega con la organización del puzzle”, asegura Reig, “un montón de datos infoxicativos. Hasta que no ordenes eso, no tienes conocimiento”. Una abundancia a la que se atribuye, además, una pérdida de sentido crítico, hueco que se aprovecha interesadamente -la censura por hiperinformación de la que habló Umberto Eco-.

El director del congreso añade un elemento más a la fórmula de la infoxicación: el aislamiento.”La persona se curte en competencia con los demás, no con una máquina”, dice, “te produce una confusión mental que repercute en tu rendimiento, incluso en el laboral”. “Esa hiperinformación te mete en una especie de útero, en el claustro maestro de la cibertnética. Tienes que salir al exterior”.

El fenómeno esconde, no obstante, una vertiente positiva. Ante una oferta amplia de información, muy diversificada, el consumidor elige a qué tipo de contenidos accede. “La información es buena, el reto está en administrarse. Hay un momento para cada cosa y hay que seleccionar”, explica Reig, “¿Qué web interesa? ¿Qué medios? ¿Qué mensajes de qué persona me interesan? Son los nuevos retos mentales que tiene el ser humano por delante”. “Hay que diseñar instrumentos para reducir el ruido informacional que recibimos, y aumentar la productividad del tiempo de atención de que disponemos”, coincide Cornellá.

La solución pasa por acatar el problema desde la base. La educación es la clave para aprender a consumir información y evitar sus efectos colaterales. Una formación necesaria también para los educadores, a todos los niveles, que tienen la llave para desarrollar patrones de conducta que permitan a enfrentarse a la información con garantías. “Hay que coger al toro por los cuernos. Este es el presente, no hay que huir. Empecemos por los planes de estudio en los colegios”, defiende Reig, que apuesta por incluir asignaturas específicas de comunicación en el currículo académico e incorporar el buen uso de la tecnología al aula. “Es como la Real Academia. Si se utiliza mucho, incorporémoslo al diccionario”. El congreso que comienza hoy en Sevilla – por el que pasarán expertos de varios países y nombres como los del periodista Pascual Serrano o la psicóloga Olga Bertomeu- aspira a descifrar algunas de las claves del fenómeno y comenzar el proceso.

(Fuente: andaluces.es)


jueves, 8 de noviembre de 2018

Proyecto: Alimentación saludable

Empieza la cuenta atrás para el polémico sistema de etiquetado diseñado por las empresas

Cinco gigantes del consumo implementarán el esquema antes de finales de año en algunos países de la UE



Editorial: Mejorar la ortografía

Mejorar la ortografía

Es preocupante que las faltas no hayan sido erradicadas de la escuela primaria o secundaria y tampoco de la Universidad

viernes, 26 de octubre de 2018

Editorial El País: Escolarización de 0-3 años.

Mejorar la ortografía

Es preocupante que las faltas no hayan sido erradicadas de la escuela primaria o secundaria y tampoco de la Universidad

sábado, 14 de abril de 2018

Érase un hombre a un móvil pegado

El móvil gana la partida: es fácil de llevar, es agenda, linterna, GPS, cámara de fotos...

Un 'auténtico amigo' que a veces nos aísla de la gente real



Según un estudio de la compañía estadounidense de investigación tecnológica Unisys, una persona tarda como promedio 26 horas en denunciar el robo de una cartera, pero si el objeto perdido es un teléfono, la denuncia se produce a los 68 minutos.
Resultado de imagen de nomofobiaPerder el móvil supone quedarse fuera de una parte importante de la realidad: lo que sucede en Internet. También significa que no se estará disponible, que no se le podrá encontrar por las vías ordinarias. Léase, llamada, mensaje, e-mail, WhatsApp. Hay quien asume la desconexión como un reto o como una excentricidad, pero hay muchos que no se lo pueden permitir; otros que preferirían no hacerlo, y unos pocos que viven la pérdida de la conectividad con angustia. Son los que cargan a todas partes con una batería de repuesto y los cables de conexión; los que monopolizan el enchufe más cercano del sitio en el que acaban de entrar, y solo entonces se sienten tranquilos, porque les da pavor quedarse desconectados.
En una encuesta realizada en Reino Unido, los participantes equipararon el hecho de “no estar en el móvil” con suce­­sos estresantes de la vida como un divorcio o una mudanza. Cuando uno está desen­­chufado imagina que están sucediendo muchas cosas: se ha producido esa llamada de trabajo importante, ha pasado algo grave en la familia y nadie ha podido avisarle, el único e-mail del día que no podía esperar yace en el buzón sin que ni siquiera se pueda leer el asunto. Luego, cuando se recupera la conexión (y el aliento) se comprueba que todo sigue igual.
Como no podía ser de otra manera, unos expertos anglosajones, concretamente británicos, acuñaron en 2008 la nomofobia (acrónimo de no mobile phobia) y la describieron como el miedo a no estar en contacto por el móvil, un sentimiento que, según sus estimaciones, podrían estar incubando el 53% de los usuarios de este servicio de telefonía de Reino Unido. 
Lo que está bastante claro es que se ha creado una nueva necesidad: estar conectados las 24 horas y los 7 días de la semana. “La naturaleza absorbente del dispositivo y la información en tiempo real arrastran a los usuarios, la intermitencia y la respuesta constante del otro lado refuerzan esa sensación. "Todo esto provoca que la gente viva extasiada en sus teléfonos e ignore la vida que pasa por delante”, explica Robert Sutton, profesor de la Universidad de Stanford. Y precisamente, la capacidad de abstraernos de la realidad circundante es uno de los grandes atractivos del teléfono: un 13% de los usuarios fingen usarlo para evitar interactuar con la gente que tiene alrededor, y otro abrumador 43% de ellos se entretienen con el teléfono porque lo que tienen cerca les parece aburrido.
El don de la omnipresencia del que los teléfonos móviles han dotado a los humanos ha traído como consecuencia la invasión de espacios que hasta hace una década estaban más o menos definidos. “Es un hecho que la casa ha invadido el trabajo y el trabajo ha invadido la casa, y no parece que los límites puedan volver a ser restaurados”, ilustra Lee Rainie. Este experto explica que "las personas usan sus dispositivos para acceder al correo electrónico corporativo allá donde estén: en casa, cenando con amigos o de vacaciones al otro lado del mundo”. 
A estas alturas, la relación con su telé­­fono es emocional, y en caso de que se lo roben el disgusto será máximo. Habrá perdido mucho más que un teléfono con su agenda de contactos. Se habrá quedado sin sus fotos, su despertador, su brújula, sus mapas, su GPS, su linterna, su espejo, sus juegos, su hombre del tiempo, su compañero en los interminables viajes de metro, sus playlists para correr, su música, su teléfono inteligente más inteligente que usted… ha perdido un amigo.