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miércoles, 30 de enero de 2019

Poetas de los 50: Ángel González, Jaime Gil de Biedma

Autor: Jaime Gil de Biedma (1929-1990)
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Autor: Ángel González (1925-2008)
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Nada es lo mismo, nada permanece.
Menos la Historia y las morcillas de mi tierra:
se hacen las dos con sangre, se repiten.


(De izquierda a derecha: Caballero Bonald, Gloria Fuertes, Gabriel Celaya, Ángel González, Manuel Vázquez Montalbán y José A. Goytisolo, en 1969).

Me basta así… (Ángel González)
Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera d...

viernes, 28 de diciembre de 2018

"La realidad y el deseo" Luis Cernuda

Resultado de imagen de la realidad y el deseoComo ya sabéis, los coordinadores de la Prueba de Acceso a la Universidad han decidido incluir en las lecturas recomendadas la obra completa de uno de los autores de la Generación del 27, Luis Cernuda, llamada "La realidad y el deseo". Esta expresión la escogió el poeta sevillano para aglutinar su obra poética y es muy importante que entendáis el porqué de esa elección. Para ello no es suficiente con leer algunos de sus poemas, tendréis que conocer también su biografía, pues ambas, su trayectoria vital y sus composiciones líricas, están íntimamente ligadas.

A continuación os dejo el enlace a un documento que ya podéis ir leyendo y que a lo largo de los próximos días iré completando. Como ya os dije, la poesía es mucho más reflexiva, ha de leerse pausadamente y releerse varias veces para realmente entender el sentido. Os he complementado los poemas con varios comentarios para facilitar su comprensión. Espero os sirva.

enlace documento

Un saludo.
Inma


miércoles, 21 de marzo de 2018

21 de marzo: Día Internacional de la Poesía

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En el equinoccio de primavera también se celebra el Día Mundial de la Poesía, una jornada para disfrutar de este arte y para promover que no caiga en el olvido entre las nuevas generaciones.

Algunos ejemplos de poesía actual, quizás más cercana a vuestras inquietudes e intereses:

1º.-Lúa Mosquetera en su blog Limón e Tango escribió este precioso y conmovedor poema titulado: 
Rasrás

Cuando mi madre se dio cuenta 

de que yo iba a existir 
dejó de existir ella.
Dejaron de importar sus sentimientos 
 sus recuerdos 
sus vivencias. 
Y, sobre todo, debían agotarse 
obligatoriamente 
cuanto antes 
sus miedos 
sus inquietudes 
sus preocupaciones superfluas, 
porque llegaba yo a destrozar su mundo 
por todas partes.
La gente suele no darse cuenta 
de lo maravilloso de una madre. 
De cómo se presenta, 
desde el primer momento,
 de rodillas, ante ti. 
Y te dice con los ojos, continuamente, 
Estoy. 
Te grita en silencio 
retorciendo la servilleta 
en las sobremesas 
Quiero ayudarte.                                       
Y a ti no te importa.
Pero se queda despierta. 
Y cuando vuelves de madrugada 
El blam del portal le parece una sonata. 
El click de la llave es una caricia 
en sus oídos. 
Ella puede escuchar el rasrás 
de las sábanas 
cuando te acuestas. 
Ella sabe con sólo pasar la mano 
por la almohada al día siguiente 
si has llorado. 
Y te mira fingiendo despiste 
pero se muere por tocarte el pelo 
y decir que ese tío no te merece.
La gente no calcula realmente 
lo mucho que duele ser ella 
y no poder hacer nada 
por quererte menos 
por quererte más. 
Tú todavía no sabes 
que ella ya conoce el camino 
y tiene que soportar ver cómo tropiezas 
en todas las piedras 
que se sabe de memoria 
sin poder hacer nada para recogerte, 
para curarte las heridas.
Porque eso es lo que hace una madre.
La mía se olvidó 
de lo mucho que le gustaba 
bailar hasta el amanecer 
y vacilar a todos los chicos de la discoteca.  
Se olvidó de lo mucho que le gustaba 
gastar dinero 
y mandar a todos a la mierda. 
Se olvidó mi madre 
de que estaba cansada 
de trabajar hasta tan tarde.
Mi madre recordó 
durante muy poco tiempo 
que estaba enferma. 
Porque le preocupaba demasiado 
que acabase trabajando de camarera 
que perdiese una clase importante 
por ir a verla 
que no fuese consciente de que jamás 
nadie 
iba a merecerme del todo 
que estuviese triste por ella.
Tengo que decir 
sin vergüenza y sin secretos 
que estuvo mi madre un tiempo 
olvidándose de morir por mi culpa. 
Creo que aún ahora mi madre 
no sabe que está muerta 
de lo mucho que le preocupa 
que la haya olvidado.
Y es curioso. 
Pero me da rabia 
y miedo 
y vergüenza. 
 Me da cierta ternura 
y me da mucho silencio 
y me enfada 
y me apena 
pensar que el descanso eterno 
es simplemente para ella 
el rasrás de mi sábana 
el blam de mi portal 
y el click de mi puerta.
2º.-Luis Ramiro
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3º.-Marwan
"El antes y el después"
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"Compañeras" (vídeopoema dedicado a las mujeres)


miércoles, 28 de febrero de 2018

Renacimiento: poesía religiosa-moral

Oda a la vida retirada (Fray Luis de León)

¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado,
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas y mortal cuidado?

¡Oh monte, oh fuente, oh río!
¡Oh secreto seguro deleitoso!
roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso [...]

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza el fruto cierto […]

A mí una pobrecilla
mesa, de amable paz bien abastada
me baste, y la vajilla
de fino oro labrada,
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
en sed insacïable
del no durable mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido
de yedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.


Soneto (Santa Teresa de Jesús)


Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,
si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.
Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he comprendido
por lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.

"Noche oscura del alma"
(San Juan de la Cruz)


En una noche escura,
con ansias en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
A escuras y segura
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a escuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.
En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.
Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche, que guiaste;
oh noche amable más que el alborada;
oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada, con el Amado transformada!
En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba
y el ventalle de cedros aire daba.
El aire del almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.
Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.



miércoles, 21 de febrero de 2018

Renacimiento: Garcilaso de la Vega (textos)

Égloga I (extractos)

SALICIO
     ¡Oh más dura que mármol a mis quejas
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!
Estoy muriendo, y aun la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay sin ti el vivir para qué sea.
           Vergüenza he que me vea
           ninguno en tal estado,                             Comentario 1
           de ti desamparado `[...]
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

      Por ti el silencio de la selva umbrosa,
por ti la esquividad y apartamiento
del solitario monte m’agradaba;
por ti la verde hierba, el fresco viento,
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera deseaba.
           ¡Ay, cuánto m’engañaba!
           ¡Ay, cuán diferente era                          Comentario 2     
           y cuán d´otra manera                  
(preferible el comentario de 
lo que en tu falso pecho se escondía!                     
"danielito")
Bien claro con su voz me lo decía
la siniestra corneja, repitiendo                 
(corneja: ave parecida     
  la desventura mía.                                 cuervo, de menor tamaño)
 Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.


 ¡Cuántas veces, durmiendo en la floresta,
reputándolo yo por desvarío,
vi mi mal entre sueños, desdichado!
Soñaba que en el tiempo del estío
llevaba (por pasar allí la siesta)
a abrevar en el Tajo mi ganado;
           y después de llegado,
           sin saber de cuál arte,
           por desusada parte
y por nuevo camino el agua s’iba;
ardiendo yo con la calor estiva,
el curso enajenado iba siguiendo
           del agua fugitiva.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.







     Tu dulce habla ¿en qué oreja suena?
Tus claros ojos, ¿a quién los volviste?
¿Por quién tan sin respeto me trocaste?
Tu quebrantada fe, ¿dó la pusiste?
¿Cuál es el cuello que como en cadena
de tus hermosos brazos anudaste?
           No hay corazón que baste,
           aunque fuese de piedra,
           viendo mi amada hiedra
de mí arrancada, en otro muro asida,
y mi parra en otro olmo entretejida,
que no s’esté con llanto deshaciendo
           hasta acabar la vida.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.


NEMOROSO
     Corrientes aguas puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde prado de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,                                 Comentario 3
hiedra que por los árboles caminas,   
torciendo el paso por su verde seno:
           yo me vi tan ajeno
           del grave mal que siento,
           que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,
o con el pensamiento discurría
           por donde no hallaba
sino memorias llenas d’alegría.


 Y en este mismo valle, donde agora
me entristezco y me canso en el reposo,
estuve ya contento y descansado,
¡Oh bien caduco, vano y presuroso!
Acuérdome, durmiendo aquí algún hora,
que, despertando, a Elisa vi a mi lado.
           ¡Oh miserable hado!
           ¡Oh tela delicada,
           antes de tiempo dada
a los agudos filos de la muerte!

¿Dó están ahora aquellos claros ojos
que llevaban tras sí, como colgada,
mi alma, doquier que ellos se volvían?
¿Dó está la blanca mano delicada,
llena de vencimientos y despojos,
que de mí mis sentidos l’ofrecían?
           Los cabellos que veían
           con gran desprecio al oro
           como a menor tesoro
¿adónde están, adónde el blanco pecho?
¿Dó la columna qu’el dorado techo
con proporción graciosa sostenía?
Aquesto todo ahora ya s’encierra,
           por desventura mía,
en la escura, desierta y dura tierra.

 ¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,
cuando en aqueste valle al fresco viento
andábamos cogiendo tiernas flores,
que habia de ver, con largo apartamiento,
venir el triste y solitario día
que diese amargo fin a mis amores?
           El cielo en mis dolores
           cargó la mano tanto,
           que a sempiterno llanto
y a triste soledad me ha condenado;
y lo que siento más es verme atado
a la pesada vida y enojosa,
           solo, desamparado,
ciego, sin lumbre en cárcel tenebrosa.

 Como al partir del sol la sombra crece,
y en cayendo su rayo, se levanta
la negra escuridad que’l mundo cubre,
de do viene el temor que nos espanta
y la medrosa forma en que s’ofrece
aquella que la noche nos encubre
           hasta que’l sol descubre
           su luz pura y hermosa,
           tal es la tenebrosa
noche de tu partir en que he quedado
de sombra y de temor atormentado,
hasta que muerte’l tiempo determine
           que a ver el deseado
sol de tu clara vista m’encamine.

 Tengo una parte aquí de tus cabellos,
Elisa, envueltos en un blanco paño,
que nunca de mi seno se m’apartan;
descójolos, y de un dolor tamaño
enternecer me siento que sobre’llos
nunca mis ojos de llorar se hartan.
           Sin que d’allí se partan,
           con sospiros calientes,
           más que la llama ardientes,
los enjugo del llanto, y de consuno
casi, los paso y cuento uno a uno;
juntándolos, con un cordón los ato.
           Tras esto el importuno
dolor me deja descansar un rato.

Divina Elisa, pues agora el cielo
con inmortales pies pisas y mides,
y su mudanza ves, estando queda,
¿por qué de mí te olvidas y no pides
que se apresure el tiempo en que este velo rompa del cuerpo y verme libre pueda,
           y en la tercera rueda,
           contigo mano a mano,
           busquemos otro llano,
busquemos otros montes y otros ríos,
otros valles floridos y sombríos
donde descanse y siempre pueda verte
           ante los ojos míos,
sin miedo y sobresalto de perderte?
[...]

Comentario general 

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                                                                   SONETOS  

De los 38 sonetos de este autor renacentista, he seleccionado los más destacados:

Soneto V
Escrito ’stá en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo:
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de vivir, y por vos muero.
El Soneto V desarrolla un conocido motivo de raigambre neoplatónica: el del rostro (gesto) de la amada grabado (escrito) en el alma del amante. Y no es sólo que en su alma esté impreso el retrato de su enamorada (v. 1), sino que además está también allí todo cuanto va a escribir de ella, de forma que él tan sólo debe leerlo (vv. 2-4). El amante, con su inteligencia, no es capaz de aprehender toda la belleza y bondad de la amada («no cabe en mí cuanto en vos veo», v. 6), pero se fía ciegamente de ella, tiene fe («lo que no entiendo creo», v. 7;  una fe que, más que misterio religioso, es en este caso confianza plena en la superioridad del objeto amado.
 Los tercetos finales son, sin duda, espléndidos: la mujer amada es como un vestido (hábito) cortado a la medida del alma del amante quien, en una contradicción muy típica —el amor es una cosa y también la opuesta, el amor es siempre contrario de sí mismo…—, por ella vive y muere igualmente por ella.
                                                       Soneto XIII
A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que’l oro escurecían;
de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aún bullendo ’staban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.
Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!   
Comentario
El Soneto XIII nos traslada al terreno de la mitología, que suele tener siempre una doble función: estética (los mitos son historias bellas, que permiten un tratamiento artístico de la materia) y simbólica (el personaje mitológico es un ejemplo positivo que imitar, o negativo que evitar). 
Aquí el yo lírico utiliza un argumento mitológico (la fábula de Apolo y Dafne, que Garcilaso) para expresar el propio sentir amoroso. De nuevo, el recuerdo del amor perdido hace aumentar el dolor del yo lírico, igual que le sucediera a Apolo: enamorado de la ninfa Dafne, la persigue a la carrera para gozarla; cuando la ninfa va a ser alcanzada, su padre (u otra divinidad, según las distintas versiones del mito) se apiada de ella y la transforma en laurel (eso significa dafne en griego); desde entonces, ese árbol —que Apolo hace crecer con sus lágrimas— quedará consagrado al dios y servirá de premio a los poetas más excelsos.
 El soneto destaca por su plasticidad, por su gran fuerza visual, pues refiere el momento exacto de la metamorfosis de Dafne en laurel (conviene leer el soneto teniendo a la vista una reproducción de la escultura de Bernini que recrea el mismo mito).
Soneto XXIII
En tanto que de rosa y d’azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;
y en tanto que’l cabello, que’n la vena
del oro s’escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello, blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena,
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que’l tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
El Soneto XXIII desarrolla dos tópicos clásicos, la descriptio puellae (descripción canónica de los elementos de la belleza de la amada, utilizando una serie de términos de comparación tópicos) y el carpe diem (exhortación a la amada para que goce de su belleza y juventud antes de que sea demasiado tarde).
Años más tarde (ya en el Barroco) Góngora con su famoso «Mientras por competir con tu cabello…», toca el mismo tema y presenta una estructura constructiva similar (basada en la anáfora de En tanto que…y de Mientras…, respectivamente).
Mientras por competir con tu cabello
oro bruñido al sol relumbra en vano,
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;
mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello,
goza cuello, cabello, labio, frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,
no sólo en plata o víola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
Soneto XXXVIII
Estoy continuo en lágrimas bañado,
rompiendo siempre el aire con sospiros,
y más me duele el no osar deciros
que he llegado por vos a tal estado;
que viéndome do estoy y en lo que he andado
por el camino estrecho de seguiros,
si me quiero tornar para huïros,
desmayo, viendo atrás lo que he dejado;
y si quiero subir a la alta cumbre,
a cada paso espántanme en la vía
ejemplos tristes de los que han caído;
sobre todo, me falta ya la lumbre
de la esperanza, con que andar solía
por la oscura región de vuestro olvido.
El último soneto de Garcilaso retoma el motivo del llanto y los suspiros eternos del enamorado, a quien ya no le queda luz ni ningún tipo de esperanza para recorrer el «camino estrecho de seguiros» (dificultosa senda ascensional esta del ejercicio del amor, en la que muchos otros antes que él han caído: «a cada paso espántanme en la vía / ejemplos tristes de los que han caído», vv. 10-11). El amante se detiene a analizar su estado anímico, que es de confusión, de caos mental, de total enajenamiento, perdido como se halla en errabundo deambulaje «por la oscura región de vuestro olvido».
Fuente: https://insulabaranaria.wordpress.com/2012/12/05/otros-dos-sonetos-de-garcilaso-comentados/